jueves, 9 de septiembre de 2010

Qué rápido pasa el tiempo. De un momento a otro, creciste. Cambiamos, irremediablemente somos distintas a como éramos.
El tiempo transcurrió velozmente y los días pasan ahora por mi mente como borrones neblinosos, que se arremolinan en mi memoria, y que me llenan de confusión.
Y temor es lo que siento en las noches. ¿Que tal si mañana, todo cambia? En sólo un segundo, podríamos dejar de ser.
Solamente por un error, podemos arruinarnos.
Y qué distinto era cuando éramos pequeñas, que todo se podía arreglar simplemente con un "perdoname, fue sin querer" y cuando todo era mejor sólo con un abrazo de tu mamá.
Y qué  felices eran esos tiempos en los que un beso en la mejilla de parte de un chico, estaba totalmente prohibido.
Cómo pasa el tiempo, dice mi abuela, ya estás enorme.
Y nos sentimos bien, porque eso quiere decir que cambiamos, que crecimos, que maduramos.
Pero se extrañan los recreos de la primaria, y los caramelos a escondidas, y se extrañan las peleas inocentes y las buenas compañías.
Se extraña, se extraña. Y qué rápido pasa el tiempo.

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