jueves, 26 de agosto de 2010
Ella tiene miedo. Mira a su alrededor, esperando a que alguien se acerque a ayudarla, grita, lucha, llora. Nadie llega. Siente que su cuerpo queda muy abajo, allí, en la tierra. Donde antes estuvo. Vivió. Fue feliz.
Quería crecer. Quería jugar y seguir saltando entre las hojas secas, en otoño. Quería avanzar y poder ver a su alrededor, a la gente cambiar. Los ojos de su marido al casarse. Quería escuchar el encantador llanto de su hijo al nacer. Quería llorar de felicidad cuando su hija se fuera a la universidad. Quería vivir. Pero el único llanto que escucharía, era el que ella emitía. Un llanto de horror por lo sucedido y por pensar cuán injusta es la vida. Algunos se van y otros se quedan.
Pero ella se había ido.
La habían matado sólo por un poco de dinero. Una vida perdida.
Ilusiones que no se cumplirían. Sueños rotos y deseos desperdiciados.
Solamente, por un poco de dinero.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario