Un cuarto en blanco. Un espacio vacío, pero siniestro, en donde vagabundean almas perdidas en busca de algo invisible, inexistente.
La soledad se palpa en el aire, esperando que nadie acabe con ella. Sabiendo que nadie lo hará.Las almas en pena, todas juntas en este lugar desolado, no se ven unas a otras. Ellas sólo ven su nariz transparente y sus dedos blancos y sus cabellos ondeando al viento de la desesperción y el miedo.
Y esa brisa que nunca acaba, les quita las pocas fuerzas que les quedan. Las únicas fuerzas, que jamás tendrán.Y ese ínfimo brillo, lo último, lo más importante, se extingue poco a poco. Un tortuoso descenso hacia la oscuridad infinita, hacia la muerte definitiva, la vida más desolada.
Hacia la inexistencia.

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